En cada terminal de transporte hay un equipo que hace posible que miles de personas lleguen a su destino. Detrás de esa labor también hay líderes con una historia por contar: experiencias que forjaron su carácter, decisiones que pusieron a prueba sus convicciones y sueños que orientan su trabajo.
Desde CONALTER inauguramos «Detrás de la Terminal», un espacio en el que pondremos cara a quienes lideran los equipos de las terminales de transporte del país agremiadas a nuestra Corporación. Queremos conocer su lado humano, descubrir qué los inspira y compartir los aprendizajes que han marcado su manera de dirigir y servir.
Comenzamos con la Terminal de Transporte de Bogotá, que durante 2025 movilizó a más de 14,8 millones de pasajeros y coordinó el despacho de más de 1,3 millones de vehículos desde sus tres sedes: Salitre, Norte y Sur. Estas cifras reflejan su importancia para la conectividad de la capital con las regiones y para la vida cotidiana de millones de colombianos.
Con 86 empresas de transporte intermunicipal vinculadas a su operación, ofrece conexión con más de 600 destinos del país. Una responsabilidad que se sostiene en el trabajo compartido de transportadores, conductores, equipos operativos, personal de atención y autoridades.
Al frente de esta organización está nuestro primer invitado, el doctor Rafael González, quien nos habla de sus raíces, de su pasión por el baloncesto, de los retos de transformar una organización y del valor de liderar con cercanía y ejemplo.
Una conversación con el doctor Rafael González
¿Quién es Rafael González fuera de la oficina?
Fuera de la agenda ejecutiva, soy alguien que valora profundamente los espacios sencillos: compartir con la gente que quiero, aprender cosas nuevas y disfrutar de la vida sin afán. Para mí, el equilibrio es fundamental; esos momentos de desconexión son los que recargan la energía para escuchar y tomar decisiones desde una mejor perspectiva.
Confieso que soy un apasionado del baloncesto. Jugarlo en mi tiempo libre es mi mejor terapia: en la cancha el estrés desaparece y solo importa dar el máximo en cada jugada. Al final del día entiendo que, aunque los logros profesionales traen satisfacción, el verdadero éxito está en las relaciones que construimos y en las personas que nos acompañan en el camino.
¿Qué experiencia de su infancia o juventud marcó su manera de ser?
Estoy convencido de que el carácter tiene sus raíces en los valores sembrados en los primeros años de vida. La honestidad, el cumplimiento de los acuerdos y el respeto por el prójimo no se improvisan: son principios familiares que definen cómo tomamos decisiones en la adultez.
Mi juventud me enseñó muy temprano que ningún logro duradero se alcanza sin disciplina y constancia. Esa convicción ha guiado mi trayectoria en el servicio público y el sector transporte: entender que liderar organizaciones y equipos humanos no es un ejercicio de autoridad vertical, sino de escucha atenta, cercanía y la permanente disposición a aprender de quienes están en el terreno.
¿Cómo llegó al mundo del transporte y qué recuerda de sus primeros días en una terminal?
El transporte tiene una magia única, conecta con todos los aspectos de la sociedad. Detrás de cada viaje hay una historia, una oportunidad, una urgencia o un anhelado reencuentro. Esa dimensión humana le otorga a este sector una responsabilidad social enorme.
Mi vínculo con esta industria comenzó hacia el 2001, cuando era estudiante del Programa de Transporte en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional. Mi primera tarea de campo fue tomar datos para la reorganización del transporte público, haciendo aforos y control de vehículos en la Carrera Séptima con calle 161. Desde ese momento quedé completamente enganchado. Desde entonces he dividido mi carrera entre los sectores público y privado: inicié en la Secretaría de Movilidad y pasé por proyectos clave como la estructuración del SITP, la Operadora Distrital La Rolita, la Alcaldía de Soacha y TransMilenio, hasta asumir el honor de liderar la Terminal de Transporte más grande del país.
Recuerdo con especial cariño mis primeros días en la gerencia, justo al inicio de una temporada decembrina. Los módulos de la sede Salitre estaban a su máxima capacidad y la demanda era enorme; fue inspirador ver a todo el equipo operativo y de servicio al ciudadano 'poniéndose la diez', orientando a cada viajero con empatía y resolviendo contingencias sin descanso. En ese instante confirmé que una terminal es mucho más que infraestructura y buses: es un ecosistema vivo donde confluyen usuarios, transportadores, trabajadores y autoridades, donde cada decisión operativa, por pequeña que parezca, impacta de manera directa los sueños y la tranquilidad de miles de colombianos.
¿Qué significa para usted dirigir la Terminal de Transporte de Bogotá?
Es un honor que asumo con enorme sentido de patria y responsabilidad. Dirigir La Terminal de Transporte de Bogotá no es solo administrar infraestructura; es facilitar la movilidad de un país, articular esfuerzos con las empresas transportadoras y garantizar que cada usuario viaje seguro, cómodo y a tiempo.
Lo que más valoro de este cargo es la calidad humana del equipo. La ciudadanía suele ver solo el bus saliendo de la pista, pero detrás hay un engranaje silencioso de planeación, mantenimiento, vigilancia, atención al cliente y coordinación operativa 24/7. Mi rol también exige visión de futuro: no trabajamos solo para resolver las urgencias del día, sino para preparar a La Terminal ante los retos tecnológicos y de sostenibilidad que demanda Bogotá.
¿Qué historia de un viajero o de alguien de su equipo lo ha marcado especialmente?
En este trabajo nunca podemos olvidar que no movemos cifras; movemos proyectos de vida.
A diario presenciamos situaciones que nos devuelven la fe en la empatía. Recuerdo casos de viajeros con emergencias médicas, económicas o familiares, y para mí es profundamente gratificante ver cómo nuestros colaboradores reaccionan no como empleados, sino como grandes seres humanos: hacen colectas para un pasaje, acompañan al usuario al punto de salud o brindan un abrazo en momentos difíciles. Ese sentido de solidaridad demuestra que el verdadero valor de nuestra organización se mide por la humanidad con la que servimos.
¿Cuál ha sido una de las decisiones más difíciles que ha tenido que tomar como gerente? ¿Qué aprendió de ella y qué haría diferente hoy?
En una entidad de esta escala, tomar decisiones implica equilibrar la continuidad de la operación, la seguridad vial, la salud financiera y las expectativas de decenas de empresas aliadas.
Recientemente, una de las decisiones más complejas que he debido asumir fue la implementación del nuevo Sistema de Pagos Digitales, con el cual eliminamos el cobro en efectivo de la Tasa de Uso. Cambiar una dinámica de más de 40 años no es fácil, pero era el paso necesario hacia la modernización.
Esa experiencia me reafirmó que liderar no es buscar salidas fáciles o populares. Liderar exige escuchar argumentos técnicos, evaluar riesgos con cabeza fría y actuar con valentía con base en el bien común, manteniendo siempre un canal de diálogo transparente con todos los involucrados.
¿Qué parte del trabajo de una terminal cree que la ciudadanía conoce poco y debería valorar más? ¿Quiénes hacen posible esa labor cotidiana?
El usuario común vive La Terminal de forma rápida, llega, compra su tiquete, aborda y sale. Lo que no se ve es la masa crítica que hace eso posible.
Atrás hay un trabajo titánico de los equipos de aseo y mantenimiento, los operarios, los guardias de seguridad, el personal de salud, los taquilleros, los conductores y las autoridades. Hay una labor continua de inspección técnica, control de alcoholemia, prevención del riesgo y gestión operativa que nunca para. La experiencia impecable de un viajero es la suma de cientos de manos invisibles que trabajan de manera sincronizada.
Como presidente de la Junta Directiva de CONALTER, ¿qué le gustaría que lográramos juntos y que sería difícil alcanzar trabajando por separado?
Mi meta en CONALTER es consolidar una red nacional de cooperación y vanguardia entre todas las terminales del país. Aunque cada región tiene sus particularidades, compartimos desafíos transversales: el transporte ilegal, la transformación digital, la seguridad, la descarbonización del sector y responder a nuevas necesidades de los viajeros. Cuando trabajamos unidos, compartimos buenas prácticas, unificamos posturas ante el Gobierno Nacional y escalamos soluciones que individualmente costarían años. Ninguna terminal tiene la verdad absoluta, pero juntas aprendemos más rápido. El poder de CONALTER radica en la sinergia para transformar el transporte intermunicipal en beneficio de Colombia.
¿Qué quisiera dejar como legado en la Terminal y en las personas con quienes trabaja?
En lo operativo, quiero dejar una Terminal moderna, digital, segura, eficiente y ambientalmente sostenible bajo el sello ISO 14001.
En lo humano, quiero que mi paso se recuerde por el respeto, la cercanía y la capacidad de liderar con el ejemplo. Los indicadores pasan, pero la cultura organizacional queda. Mi mayor legado será un equipo humano empoderado, orgulloso de su trabajo y convencido de que, desde su rol, están construyendo ciudad.
Complete esta frase: «Para mí, una terminal de transporte es…»
«…un punto de encuentro donde se conectan vidas, oportunidades y sueños, y donde el compromiso silencioso de muchos hace posible que miles de historias lleguen a su destino.»
Las historias que nos unen
La conversación con el doctor Rafael González nos acerca a una convicción que atraviesa su experiencia: cada decisión en una terminal tiene un efecto en la vida de las personas. La tecnología, la infraestructura y la planeación cobran sentido cuando se traducen en mejores viajes y en equipos que reconocen el valor de su trabajo.
Agradecemos su disposición para compartir su historia y abrir este espacio con una mirada cercana al liderazgo y al servicio.
Esta es la primera de muchas conversaciones. En «Detrás de la Terminal» seguiremos recorriendo el país para conocer a quienes lideran los equipos de las terminales agremiadas a CONALTER. Sus voces nos permitirán descubrir distintas formas de afrontar los desafíos, aprender unos de otros y reconocer a las personas que hacen posible nuestra misión compartida: conectar a Colombia.

